COME PARA TU BIENESTAR Y EL DE TU MICROBIOTA

12/03/2018

Hipócrates, el padre de la medicina moderna consideraba que la base de la salud es el equilibrio del individuo y centraba sus tratamientos en la higiene y la dieta.
En realidad con el concepto dieta se refiere a una forma de alimentarse no sólo en contenido, sino también en horarios, regularidad y forma de comer. Y aunque hoy no vamos a hablar sobre adelgazar, sin duda un estilo de alimentación adecuado nos llevará a regular nuestro organismo de forma que se mantenga fácilmente en un peso saludable.

Hoy me interesa nos centremos en como influye lo que comemos en lo que somos. Ese espacio cubierto, o que intentan cubrir, la Psiconeuroinmunoendocrinología (en toda su extensión del palabro o PNIE) y la Neurogastroenterología.
En concreto la PNIE nos enseña que la enfermedad es la pérdida de nuestra capacidad para adaptarnos circadiana, metabólica, endocrina y psicológicamente a los cambios que se producen en nuestro cuerpo y nuestro entorno. Por eso entiendo que cualquier enfermedad debería ser valorada desde esas cuatro especialidades: psicológica, neurológica, inmunológica y endocrinológica.

Sin embargo, mi experiencia profesional como directora de un centro de salud integrativa me muestra una vez más que la visión parcial y basada ya no en la enfermedad, sino en el síntoma, que sostenemos en nuestro sistema de salud hace que la aproximación a lo que nos sucede dependa del especialista al que acudimos primero. Y, sobre todo, que desconozcamos en gran medida la existencia de especialidades complejas como las que  las que nos ocupan en este artículo.

Mientras tanto, la ciencia avanza y ya hay estudios que hablan de que complementar la alimentación con probióticos puede llegar a ser el nuevo antidepresivo. O de que el sistema digestivo es responsable del buen funcionamiento del sistema inmune y por tanto de los procesos inflamatorios, o de la producción de los neurotransmisores que regulan nuestro cerebro.

Más allá de los tópicos que se vuelven tendencia y siendo puristas a nivel científico hay verdades ya demostradas. Por ejemplo,

1.         El aparato digestivo tiene una extensa red neuronal compuesta por cien millones de neuronas.
2.         Hay más de 2.000 especies de microorganismos repartidos en todos los órganos del ser humano. Es lo que se conoce como microbiota. El 90% de todos estos microorganismos reside en el intestino y se comporta como un sólo órgano, que pesa entre uno y dos kilos.
3.         La microbiota se encarga de múltiples funciones imprescindibles para nuestra supervivencia:
          Generar la base del sistema inmunológico.
          Transformar la comida que ingerimos en los micronutrientes que alimentan nuestras células.
          Eliminar las sustancias tóxicas y los residuos.
          Controlar a los microbios patógenos que cumplen su función simbiótica mientras no se reproduzcan en exceso.
          Fabricar gran parte de los neurotransmisores particularmente la serotonina y la dopamina.

Dicho todo lo anterior, la ausencia, o la alteración, en la microbiota tiene un impacto en todo el cuerpo incluido el cerebro. Por eso las enfermedades inflamatorias (incluida la obesidad), las autoinmunes y las emocionales deberían ser siempre objeto de análisis a la luz de los conocimientos del eje microbiota-intestino-cerebro. Si es tu caso, visita a un especialista porque sin duda, lo que comes determina lo que eres y, sobre todo, cómo te sientes.

Olga Albaladejo Juárez
Socia fundadora en Salmah, Centro oncológico integrativo y participativo.

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