¿CÓMO AYUDAR A UNA PERSONA CON CÁNCER?

24/04/2018

A menudo recibimos en Salmah a amigos y familiares que no saben cómo ayudar a las personas a las que quieren. Por un lado, se sienten sobrepasados por el sufrimiento que ven y por el que ellos mismos tienen. Y por otro, se enfrentan a comportamientos que les sorprenden y les hacen sentirse inseguros en personas a las que creían conocer bien. Y es que en situaciones extremas no somos predecibles. Por ejemplo, personas habitualmente tranquilas y educadas pueden mostrarse muy irascibles al escuchar el diagnóstico, o angustiarse ante un alta médica cuando lo “esperable” es que estuvieran contentas. Por eso si quieres ayudar a una persona que tiene una enfermedad grave, te recomendamos lo siguiente:

Dedica el tiempo que necesites a interiorizar lo que os está ocurriendo y lo que implica para ti en todos los sentidos. Es importante que no te sientas egoísta por pensar en ti en este momento. Es un paso necesario para poder ayudar. También es importante que busques ayuda profesional para ti mismo si sientes que no vas a poder. No hay ninguna asignatura que nos prepare para acompañar el dolor de las personas a las que queremos… ni el nuestro propio.

Sé consciente de tus propios pensamientos y emociones. Si no somos capaces de enfrentarnos a nuestros miedos, es muy posible que tratemos de negar los de nuestra persona querida. Podremos decirle algo tan frecuente como: No tengas miedo. Y encontrarnos con una respuesta del tipo: ¿Cómo no voy a tener miedo si me acaban de decir que tengo cáncer? ¿Tu no lo tendrías?

Cuando estés preparado, ofrece tu presencia a la persona a la que quieres. Pasa tiempo con ella, escúchala, siente su dolor y dale espacio para que lo exprese. No le des consejos u opiniones si no te los pide, no le hables de personas que se curaron, ni de las enfermedades que tu tienes. Sencillamente estate ahí para ella. Es lo más difícil de hacer y lo que más te agradecerán.

Concédete el permiso de llorar o expresar cualquier tipo de emoción. No niegues la gravedad de la situación queriendo pensar solo en que todo quedará en un susto. Si lo haces, te sentirás incómodo si la persona a quien acompañas, llora o expresa sus emociones y tenderás a decirle cosas como: No llores. Ya verás como todo sale bien y mañana nos reímos de este momento. Así enlazamos error con error: no dejamos que la persona a quien queremos exprese sus emociones; implícitamente las tildamos de exageradas; y, como vimos el mes pasado, actuamos de adivinos sin tener ni idea, ni control sobre lo que va a suceder.

Acepta que no todos afrontamos las cosas de la misma manera. Es posible que la persona a la que quieres se muestre rabiosa porque la vida la trata injustamente, o triste por el miedo a perder la vida que tiene y a quien quiere, o con miedo ante la inseguridad que genera un diagnóstico que pone patas arriba lo que creía que sería su futuro. Todas son emociones que paradójicamente nos sirven para sobreponernos, afrontar los tratamientos y continuar viviendo. Pero para eso, tenemos que permitirnos sentirlas.

Pregúntale directamente qué necesita o cómo puedes hacer para ayudarla. Si el momento es de mucha confusión y no sabe qué decirte, proponle tu cosas concretas a las que pueda decirte fácilmente sí o no. Desde las cuestiones logísticas como ayudarle con la comida, o con los niños, o la casa, hasta las cuestiones médicas y de toma de decisión.

Asegúrate de que va acompañada a todas sus citas médicas. Nunca sabemos qué va a suceder, ni cómo nos vamos a sentir así que independientemente del tipo de cita que sea, es importante que nunca vaya sola. Además, dado el estrés que suponen, es muy fácil que la persona enferma no sea capaz de recordar la información que le dan los médicos o la que debe darles ella. Finalmente, te sugerimos llevar siempre una libreta donde habéis apuntado las preguntas y donde apuntaréis las respuestas.

Y lo más importante, acompáñale a vivir. Al salir de esas visitas podéis parar en una cafetería a tomar un café mientras comentáis, o simplemente podéis dar un paseo, o lo que os apetezca. Porque lo fundamental, como insistimos siempre, es que acompañes a la persona a la que quieres a vivir. Estáis pasando por un momento difícil; sin duda. Pero cuantas más acciones cotidianas realicéis, más sentido de continuidad de la vida tendréis los dos.

Este artículo es un breve resumen de las múltiples posibilidades y situaciones con las que os enfrentaréis. Si necesitáis ayuda, no dudéis en pedirla. Sabemos que no es fácil ayudar a la persona a la que queremos en estas circunstancias, pero también sabemos que es posible.

 

Olga Albaladejo Juárez
Socia fundadora en Salmah,
Centro oncológico integrativo y participativo.

Artículo publicado en la revista Universo Holístico.

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