ESTRATEGIAS SENCILLAS PARA GESTIONAR EL DOLOR EN ONCOLOGIA

12/04/2019

Sabemos que es difícil lidiar con el dolor y que es uno de los síntomas que más deteriora nuestra calidad de vida y nuestro bienestar. Lamentablemente suele venir acompañado con una limitación de nuestros movimientos y nos provoca ansiedad y/o tristeza. Sin embargo, podemos emplear sencillas estrategias para minimizar su influencia en nuestras vidas y en nuestro ánimo. A continuación te proponemos unas cuantas:

En primer lugar, es importante aceptar la existencia del dolor como una realidad y evitar pelearte con él por difícil que parezca. Si tu lo sientes, es real y solo tu sabes el grado en el que te afecta. Pero evita sufrir. El sufrimiento es lo que surge cuando no aceptas el dolor y empiezas a darle vueltas a preguntas como por qué a mi, o con lo que he tenido que pasar, ¿no era suficiente? Sólo aceptándolo podrás poner en marcha el resto de las estrategias que te permitirán convivir mejor con él y/o disminuirlo.

 

Tienes la misma información para pensar que no va a mejorar que para creer que mejorará, o incluso desaparecerá. En Psicología sabemos que focalizar tu pensamiento y tu atención en esa parte del cuerpo que duele, hará que el dolor aumente puesto que dejarás de prestar atención a cualquier otra cosa. Crea un frase para ti que es la que convertirás en tu verdad. Por ejemplo: Mi dolor es temporal o puedo cambiar la percepción de mi dolor. No importa que no sientas que es verdad. Lo que importa es que centres tu mente en un pensamiento positivo y de control para que no te sientas impotente. A esta frase le llamaremos tu mantra y la repetirás tantas veces como puedas a lo largo del día. No esperes a que te duela. Así cuando aparezca el dolor, estarás preparado. Y no sientas que te estás mintiendo. Lo que estás haciendo es redirigir tu pensamiento para que te encamine a un resultado diferente; es decir, abriéndote a otras posibilidades.

 

Juega con técnicas de visualización. Es decir, busca un lugar tranquilo, haz unas cuantas respiraciones profundas y dale forma a tu dolor. Imagina que es un personaje de comic del que puedes reírte, o que es muy pequeño frente a ti. ¿Qué puede hacerte? O imagina que tienes un recipiente donde puedes volcar todo tu dolor y deshacerte de él después. O que todo tu dolor se concentra en una hoja de papel que puedes romper en pedazos y quemar y lanzar al aire hasta que desaparezca completamente. Sé que me dirás que no es fácil, pero vale la pena intentarlo.

 

Utiliza la respiración como analgésico. Cómodamente sentada o tumbada cierra los ojos y respira profundamente dos o tres veces. Revisa mentalmente tu cuerpo y localiza los puntos de dolor. Comienza por el que menos te duele e imagina que tienes en ese punto una gran nariz. Respira a través de esa nariz. Al inhalar imagina que el aire viene cargado de oxígeno y calmantes. Al exhalar expulsa al aire que te rodea todo tu dolor. Siente el alivio y avanza hacia otros puntos de dolor, o céntrate cada vez en uno solo. Tu decides cuál es tu mejor ritmo.

 

Utiliza un diario. Cuando estamos sumergidos en nuestro dolor es habitual generalizar su presencia y sentir que siempre nos duele y que nunca nos da un respiro. Puede que sea verdad, pero también puede que estemos dejando pasar esos pequeños momentos maravillosos en los que nos da una tregua. Lleva un diario en el que valores del 1 (nivel mínimo) al 10 (nivel máximo) tu dolor. Te ayudará a observarlo con una mayor objetividad y te permitirá darte cuenta de cuáles son las estrategias o acciones que mejor te funcionan a ti.

 

 

Artículo publicado en la revista Espacio Humano

 

 

Olga Albaladejo Juárez

Psicooncóloga y Coach

Salmah, Centro oncológico integrativo y participativo.

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